Terapia aversiva

¿Qué es?

La terapia aversiva consiste operacionalmente en administrar un estímulo aversivo para inhibir una respuesta emocional indeseable, con lo cual se hace disminuir su fuerza de habito. Por ejemplo, puede emplearse un estímulo doloroso para inhibir la excitación sexual que produce un objeto fetiche. La aversión se utiliza ampliamente en el tratamiento de las obsesiones, compulsiones, fetichismo y hábitos de atracción hacia personas u objetos inadecuados, por ejemplo, homosexualidad que en años atrás era considerado un problema para las personas.
La esencia de la terapia de aversión es dispensar, en presencia del estímulo productor de la respuesta indeseable, un estímulo aversivo intenso, como una estimulación eléctrica fuerte, en una extremidad.
Aparte de provocar una respuesta de evitación, el choque eléctrico inhibe la respuesta emocional indeseable. Siempre que esto sucede, se establece un cierto grado de inhibición condicionada de la respuesta indeseable – un debilitamiento de su hábito -, del vínculo entre esa respuesta y su estimulo.
Al mismo tiempo, el estímulo puede ser condicionado en cierta medida ante la constelación de respuestas que provoca el choque eléctrico. Generalmente la cantidad de condicionamiento positivo es pequeña o este es transitorio (Raymond,1964; O’keefe,1965).

¿Cuándo inicio este tipo de terapia?

El primer uso formal de la Terapia Aversiva parece haber sido obra de Kantorovich (1929), quien administro choques eléctricos dolorosos a unos pacientes alcohólicos ante la vista, el olor y el gusto del alcohol.
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En 1935, L.W. Max informo haber superado el fetichismo de un homosexual, administrando choques eléctricos muy intensos al paciente, en presencia del objeto fetiche. Desgraciadamente, nunca llego a la imprenta su prometida relación detallada de este caso histórico.
No obstante, el informe de Max sirvió para alentar a otros para repetir su procedimiento (Wolpe,1954).
Cualquier cosa desagradable es una fuente potencial de condicionamiento aversivo.
Philpott (1967) afirmo que había superado el pensamiento obsesivo, haciendo que el paciente detuviera la respiración tanto como pudiera, cada vez que lo asaltara un pensamiento obsesivo.
Lublin (1968) ha descrito dos técnicas de inhalación aversivas, para eliminar el hábito de fumar. Una consiste en echar bocanadas de humo caliente y rancio de cigarrillo, por medio de una máquina, a la cara del sujeto, mientras fuma su propio cigarrillo. En la otra, el sujeto tiene que chupar regularmente un cigarro, siguiendo los tics de un metrónomo; inhalando cada 6 segundos en un primer cigarrillo y luego chupando, sin inhalar, otro cigarrillo, cada 3 segundos. Lublin afirma que ambos métodos son muy aversivos.
Es difícil que algún sujeto termine un cigarrillo completo. De 36 pacientes que tuvieron un promedio de 6 sesiones de media hora, 16 dejaron de fumar completamente.
En 1956, Wolpe trato 2 casos de obesidad, aproximando una solución hedionda de agua fétida, a las fosas nasales de los pacientes tratados, mientras estos manipulaban, olían y degustaban pedazos apetitosos de comida.
En uno, se logró un control temporal del comer en exceso y un control duradero, en el otro (que hasta ahora tiene una figura de sílfide -agrega Wolpe en su reporte).
Kennedy y Foreyt (1968) han descrito un procedimiento muy similar, en el que emplearon un equipo más sofisticado para administrar gas de ácido butínico nocivo.
Se han utilizado otros estímulos físicos con el propósito de establecer un condicionamiento aversivo, como la iluminación intensa y el ruido blanco.

Aversión Química.

A pesar de que las técnicas de condicionamiento habían sido usadas por Kantorovich (1929) y Max (1935) para tratar alcohólicos y homosexuales, respectivamente, el total del potencial terapéutico de la terapia aversiva no se había apreciado hasta el reporte de Raymond sobre el tratamiento exitoso de un fetichista ambulatorio, que gustaba de los bolsos femeninos, en 1956, mediante el empleo de drogas eméticas (vomitivos).perfil-mujer-maltratada
En el estudio de Thorpe, Blakemore y otros, conducido en el Banstead Hospital en 1960, se trató a un muchacho de 22 años que había sido trasvestista casi toda su vida, siguiendo cercanamente el paradigma de condicionamiento clásico adoptado por Raymond; era la primera vez que se hacía esto (Barker, et al,1961; Lavin, et al,1961).
El paciente recibía drogas eméticas cada 2 horas, la mayor parte del tratamiento consistía en inyecciones dehidrocloruro de apomorfina intramuscular, inyecciones intramusculares de hidrocloruro de emetina y pastillas orales de este último medicamento.
Se le mantenía despierto por 6 días y 6 noches, con sulfato de dexanfetamina (5 mg), mismo que se le daba frecuentemente para facilitar el condicionamiento mediante sus propiedades estimulantes y para contrarrestar los efectos sedativos acumulados, de la apomorfina.
Tan pronto como el paciente reportaba que los medicamentos eméticos producían su efecto, se le instruía para que visualizara una transparencia a color donde estaba el vestido con ropa femenina, misma que se proyectaba en una pantalla situada en la base de su cama.
Había, de hecho, 12 transparencias donde aparecía portando desde unas cuantas prendas, hasta el ajuar completo.
Luego de un resultado terapéutico que persistió más de l8 meses, tiempo durante el cual el paciente no se vistió de mujer para nada, se criticó al tratamiento debido a las dificultades para temporalizar el estímulo condicionado (transparencia) y la respuesta incondicional (nausea y vomito) en un intervalo apropiado, así como la marcada resistencia a los eméticos, el vómito copioso y la no infrecuente asociación del estímulo condicionado con el alivio del vómito, que normalmente es una sensación placentera. En general, el tratamiento parecía extremadamente displacentero Y deshumanizante para el sujeto.
Otro trasvestista de 33 años, con una perversión muy parecida a la del caso anterior, fue tratado con aversión eléctrica o farádica, usando un procedimiento de condicionamiento operante (Blakemore, 1936) con resultados muy satisfactorios que se mantuvieron hasta 5 años después.
Debido a estas observaciones, a la fecha, la aversión química se emplea muy poco y posiblemente el tratamiento más extendido sea el que emplea Antabus (medicamento que contiene metronidazol) para reducir el alcoholismo; sin embargo, estas pastillas se venden sin orden de facultativo y se aplican sin ningún control experimental, al menos en nuestro País.
Los resultados no son sistemáticos y a nivel anecdótico, podríamos calificarlos de inefectivos.

Aversión Farádica.

Un caso que recibió mucha atención fue el de una jovencita de 17 años, quien estornudaba vigorosa y frecuentemente desde hacía 6 meses, sin mostrar alivio.
Ella había sido examinada bajo el enfoque neurológico, alérgico, urológico, endocrinológico y psiquiátrico. También había sido expuesta a diversos tratamientos, hipnosis y terapia del sueño.
Cuando se vio a la paciente por primera vez, los datos de línea base revelaron que estornudaba con una taza de 1 vez cada 40 segundos.
Al observar las características del estornudo se notaron propiedades operantes que llevaron a la decisión de utilizar un paradigma de castigo con shock eléctrico, como estímulo aversivo.
El tratamiento consistió en colocarle alrededor del cuello un micrófono que estaba conectado a una caja de voces y a una fuente de shock. Se le pusieron electrodos mediante unos anillos en los dedos de la mano.
Al estornudar activaba el relevador de sonido que a su vez disparaba un shock de aproximadamente 3.5 ma. de intensidad.
El shock, entonces, era contingente al estornudo. La paciente podía evitar el shock no estornudando Unos contadores registraban la frecuencia de shock y de estornudos. Las respuestas se registraban en intervalos de 30 minutos.
Al principio, la frecuencia de estornudos no se comportó como se esperaba pues los electrodos no hacían buen contacto, por eso a partir del intervalo 7, se colocaron asegurándolos en un brazo, ocasionando una reducción severa de la conducta, hasta cesar completamente el estornudo, a partir del intervalo 9.
Un seguimiento de 13 meses demostró que se mantuvo el efecto terapéutico.
Otro caso ilustrativo de este tipo de tratamiento fue el problema de conducta auto-destructiva de un niño de 7 años severamente retardado, con algunos otros problemas agregados, que lo hacían funcionar a un nivel aproximado de apenas 2 años de edad.
La conducta problema era que se mordía la mano de forma tan severa que se sangraba mucho y ocasionaba frecuentes infecciones. Las enfermeras habían probado algunos trucos para prevenir la conducta, incluso se le ponían grandes guantes de box, en algunas ocasiones.
Esta conducta de morderse las manos había iniciado en casa, pero se incrementó cuando lo hospitalizaron y estuvo junto a otro pacientito que, por una rara condición congénita, tenía
convulsiones que hacían que se mordiera cualquier parte de su cuerpo, requiriendo restricción continua.
Se observó también que cuando el niño se mordía lloraba y las enfermeras iban y lo “apapachaban”. Se les explico que esto tenía características reforzantes para la conducta, pero no querían entenderlo y a pesar de todo, parecía que la extinción como procedimiento no era suficiente y requería mucho tiempo.
Se decidió entonces usar condicionamiento aversivo con shock eléctrico contingente.

Nota: articulo tomado de:
Jaime, Ernesto, 2009, Terapias conductuales.

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2 comentarios en “Terapia aversiva

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