Síndrome de Procusto ¿Que es?

Como de costumbre leyendo artículos, libros y revistas que contengan tópicos interesantes relacionados con la Psicología y claro, que sean de interés general y fácil de digerir, es que me he encontrado con este tema que frecuentemente observamos en muchos ámbitos, quizás no muy conocido por su nombre científico pero  que sí puede ser reconocido  no sólo en el campo de la Psicología sino que también se puede apreciar  en la educación, en lo laboral, en la sociedad misma.Theseus_Minotaur_BM_Vase_E84_n3

Esta patología lleva el nombre de Síndrome de Procusto; ya que es la incapacidad para para reconocer como válidas las ideas de otro, el miedo a ser superado profesional o personalmente; superado o cuestionado por ellos.

La propia definición del síndrome de Procusto deja claras sus negativas consecuencias: “lo padecen aquellos que cortan la cabeza o los pies de quien sobresale”.

Pero ¿cómo puede ser esto posible? ¿Quién querría hacerlo? ¿Por qué? La respuesta puede ser la siguiente: por la envidia que tenemos ante una persona que sobresale, que brilla más que nosotros ante los ojos de los demás, que recibe elogios y que comúnmente dijéramos: que está en el ojo del huracán por su talento.

Todo esto puede llevarnos a eludir responsabilidades, tomar malas decisiones y frenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarnos en evidencia de que no somos lo competentes que decimos.

¿Dónde nace este mito?

En la mitología griega, Procusto era un posadero que tenía su negocio en las colinas de Ática. Procusto tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una exageradamente larga y otra exageradamente corta, o bien una de longitud ajustable.

Procusto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego y retó a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para “ajustarlo” como él hacía a los viajeros. Le cortó a hachazos los pies y, finalmente, la cabeza. Matar a Procusto fue la última aventura de Teseo en su viaje desde Trecén hasta Atenas.

 

El significado del lecho de Procusto

La literatura universal ha utilizado backstab1_phixrfrecuentemente esta figura desde la antigua Grecia y muy pronto se aplicó a diferentes entornos como la familia, sociedad, la empresa o la política. Básicamente, Procusto se ha convertido sinónimo de uniformidad y su síndrome define la intolerancia a la diferencia. Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el “lecho de Procusto”. También aquellos que cogen tus sueños y los adaptan a sus limitaciones mentales para decirte que no se puede, que eres un iluso y que nunca alcanzarás lo que te propones.

 

¿Existen los Procustos hoy en día?

Es difícil de creer pero es lo que más abunda en algunos ámbitos de la sociedad debido a que la fuerte competencia  que vivimos  y que hace que estén presentes como mecanismo de defensa.

Para reconocer mejor la figura del Procusto a tu alrededor deberás tener en cuenta que los habrá que ejerzan su visión de forma consciente, pero también quienes ni si quiera sepan lo que están haciendo pueden tomar en consideración los siguientes puntos:

Inconscientes de sus actos

  • Les afecta emocionalmente cuando otra persona tiene razón y ellos no.
  • Creen que son empáticos pero, en realidad, juzgan desde su egocentrismo las reacciones de otros.
  • Suelen hablar de trabajo en equipo, escucha, tolerancia, intercambio de idea… pero siempre como argumentos para ser escuchados, no para escuchar.

Conscientes de sus actos

  • Tienen miedo de conocer a personas a las que les va bien, son proactivas, tienes más conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos. Si lo encuentran, les invade una sensación de desconfianza y malestar.
  • Enfocan sus energías en limitar las capacidades, creatividad e iniciativa de otros para que no queden en evidencia sus propias carencias.
  • Son capaces de modificar su posicionamiento inicial si, con ello, deslegitiman al otro.
  • Suelen buscar la complicidad de otros para, entre todos, acabar con aquel que destaque más que ellos.

Algunas consecuencias frecuentes son:

  • Generan un clima  de tensión y estrés.
  • Fuerzan las circunstancias para ajustarlas a su propio modelo.
  • No permiten la participación de los integrantes de sus equipos. Priman su visión personal, o incluso sus intereses particulares, frente a la maximización del rendimiento y la eficacia.
  • Deforman, ocultan, interpretan… los datos obtenidos tras un estudio de manera que confirmen su hipótesis personal previa.
  • No asignan tareas a quienes las harían mejor.
  • Son intolerantes a las propuestas mejores que la suya y  tienden a imponer su visión.

 

Sí que es bastante difícil este padecimiento que, hoy en día, por la competencia y exigencias de los trabajos, muchas de las veces nos cegamos a no permitir tener buenos colaboradores a nuestro lado por envidia o por miedo a perder nuestro trabajo o en el ámbito escolar por no dejar que alguien obtenga una mejor calificación que la nuestra, pero lamentablemente no nos damos cuenta de que el tener un colaborador con ideas frescas y porque no, mejores que las nuestras, es un elemento valioso que podría ayudarnos a crecer no sólo a la empresa sino personalmente.

Es increíble que nos dejemos llevar por un sentimiento negativo.

¿Conoces a alguien así en tu trabajo, familia o ciudad?

 

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